lunes, 15 de abril de 2019

Amor N.5

Era la primera quincena de abril de 1985.
Me paseaba por la estación de trenes. Admiraba los rieles e imaginaba la historia de cada persona que abordaba un tren. Ocasionalmente revisaba el reloj de bolsillo que me regaló mi padre en mi cumpleaños número quince. Las manecillas me recordaban el corazón helado de ese hombre.
Pensar en mi padre, pensar en mi padre, él tomó un día el tren y prometió regresar. Desde entonces lo espero en la estación a la misma hora de su partida.
Escuché  una voz familiar detrás mío. Sentía  emoción y cuando miré, estaba un ferrocarrilero. Lo mire a los ojos. Le entregué mi alma.
Prometió con un beso volver a la estación. Y yo lo esperé
Pero, ahora ya no hay estación, ahora ya no hay tiempo. Creo que es hora de dejarlo ir.

4 comentarios:

  1. Me deja sabor aagridulce. Me gusta el giro que da, tiene su toque misterioso creo. Y dulce; un poco triste pero con chispa de inocencia...

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  2. ME PARECE UN POCO FAMILIAR ESTA HISTORIA. PERO AUNQUE CORTA... INTERESANTE.

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    1. Si, es algo muy familiar. Aparte tengo un nose que con los ferrocarrileros, dicen que no hay que casarse con ellos.

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